jueves, 13 de julio de 2017

Lili




De sonrisa bella y mirada abisal,
en pausada vida frenética ella baila el mar.


La conocí calentando mis manos con sus lunas,
y tras las de su coche descosí sus costuras.
Esa noche fue la menos oscura en años,
matando verbos nos desnudamos la bruma sintética.


Sus abrazos desarman, se saca el corazón por la piel cuando abraza
y se hace abrigo.


Da réplica genial como mi espejo,
de ironía desmedida te atrapa su labia
 y en su reflejo te quedas.
El beso perfecto vive en sus labios,
conjura el universo entero en su boca
y me conjuga todos los versos.


Su cama es campo de batalla y oasis.
A veces guerra y a veces tregua que el alma roza,
jueves de fiesta y domingo de siesta calma.


Nunca vi tanta agua en el marrón de unos ojos,
tanto cielo y tan desierto de estrellas,
tan lejos, que era corto el año luz, casi como mi cuerda,
la lancé para atar su brillo y verlo de cerca,
y cuando lo vi...hizo pequeño al sol y me supe condenado a amarla (era ella...).


Hasta que se apague su luz, da igual que el tiempo pase,
que pasen por nuestras camas cien años sin voz,
que la risa y el desastre nos invadan de canas el alma y el cuerpo.
Que siempre seamos dos. Que nos gane el silencio.


Y en su sofá, hicimos barco.
Y en su salón, el mar.

Y me hacía infinitas las noches, faro de caricias velas,
silentes sus dedos me hablaban dejando huellas indelebles sin cesar...


La última vez que la vi, estaba disfrazada de navegante,
me habló de un hilo rojo, de una web, un tatuaje,
y de su espera paciente por mi.

Porque era yo y siempre sería, el otro extremo de su hilo,
aquel que cosió el destino al conocernos.

Y aunque distintos firmamentos nos hallen,
nos sabemos juramento el uno del otro,
y aun sin rostro ni detalle,
el abajo firmante afirma,
que es la única rima que rima conmigo,
el esbozo de una vida,
una vida contigo y en todos sus días...
 amarte.